'Kinshu. Tapiz de otoño' de Teru Miyamoto

Título: Kinshu. Tapiz de otoño (Kinshu. Autumn Brocade)Autor: Teru MiyamotoTraducción: María Dolores ÁbalosEditorial: Ediciones Alfabia (julio 2011)Año de publicación: 1982Páginas: 235Precio: 21,50 eurosDespués de unas cuantas lecturas ambientadas en paisajes helados vuelvo a lo que me gusta más: la literatura japonesa. Y lo hago con un autor por desgracia poco conocido en España, y es que, a pesar de que tiene ya publicadas unas ochenta obras y ha recibido numerosos premios en Japón, esta es la primera novela suya que se publica en España. Kinshu. Tapiz de otoño es una novela epistolar que huye de muchísimos tópicos en los que podría haber caído una novela de estas características, convirtiéndose en una obra original y muy personal, un libro que hace reflexionar y difícil de olvidar. Yasuaki y Aki se reencuentran por casualidad en el monte Zaô diez años después de su divorcio y de haber perdido totalmente el contacto. El detonante del divorcio fue el suicidio de la amante de Yasuaki, quien trató previamente de matarle a él en una habitación de hotel. Las circunstancias de la ruptura, la recuperación de las heridas en el hospital de Yasuaki o el hecho de que su suegro le tuviera en mente como su sucesor en la empresa que dirige, agravan aún más si cabe la incomunicación entre la pareja que se separa sin saber realmente qué ha sucedido y sin hablar del tema. Tras el encuentro efímero y fortuito, Aki comienza una correspondencia con su ex marido esperando encontrar respuestas a lo sucedido, y de una manera indirecta, tratando de perdonar y perdonarse a sí misma los errores del pasado.Monte ZaôEl estilo epistolar da muchísima agilidad a la narración, ya que con cada carta conocemos el punto de vista desde el que vivió cada uno de los dos la historia. Poco a poco se va desvelando qué sucedió realmente, qué implicaciones tuvo todo, y esencialmente, se produce una comprensión del otro y de uno mismo, un perdón que les ayuda a seguir adelante con sus respectivas vidas, ninguna de ellas felices (él junto a una mujer que no ama y ella con un marido infiel y un hijo discapacitado), pero que les aporta el sosiego suficiente como para poder seguir sin echar continuamente la vista atrás. Y es que se podría haber caído fácilmente en una historia simple de amor, cosa que esta novela no es en absoluto, sino un comprenderse a uno mismo a través del otro, una expiación que solo puede conseguirse a través del diálogo que la pareja no pudo mantener cuando se produjeron los hechos. Por un lado, lastrados por la tradición familiar japonesa en la que los padres muchas veces toman decisiones por sus hijos, por otra por esa cortesía extrema y artificiosa que dice que permanecer en silencio es la mayor muestra de buena educación que se puede manifestar, y en gran parte por el gran impacto que el fallido doble suicidio tuvo en ambos. Las cartas tienen estilos diferentes, con lo que parece que realmente asistamos a la correspondencia entre dos personas que además, se pierden a veces en circunloquios (hablando ella de su recién estrenada pasión por Mozart o él de un nuevo negocio que emprende con su pareja), mezclando pasado y presente, lo que le añade aún más verosimilitud a la narración.Lago TazawaTeru Miyamoto escribió la novela en una época crítica para él, ya que acababa de descubrir que sufría de tuberculosis durante un viaje al monte Zaô que retrata en la novela como punto de encuentro de sus personajes. Tuvo que ser ingresado y ver cómo sus compañeros de hospital iban muriendo a su alrededor, con lo que las reflexiones sobre la vida y la muerte y el papel del ser humano en el universo quedaron plasmadas en la novela. Curiosamente, pese a que el germen de la novela fuera así de oscuro y que el tema en sí sea bastante triste, la novela es optimista y su mensaje positivo, ya que una vez saldadas las cuentas con el pasado, un pasado que ya no puede modificarse ni corregirse, los personajes pueden seguir adelante, salir de ese otoño gris y pesado para adentrarse con mayor confianza en un futuro que, si bien no es el ideal, se presenta despojado de la incertidumbre, los temores y el peso de esa experiencia pasada. Esta novela ha sido un auténtico descubrimiento y espero que sea la puerta a nuevas traducciones de la obra de Teru Miyamoto, un autor japonés contemporáneo diametralmente opuesto a otros coetáneos suyos que utilizan la fantasía o acontecimientos inusuales como gancho de sus novelas. La obra de Teru Miyamoto lleva consigo por un lado una gran carga de los clásicos japoneses (su estilo sencillo, limpio y centrado en los sentimientos de sus personajes me ha recordado mucho a Yasunari Kawabata y a Junichiro Tanizaki), pero por otro, muestra temas tan cotidianos, contemporáneos y universales que cualquier persona de cualquier parte del mundo puede sentirse identificado con sus personajes y las situaciones que plantea.Teru MiyamotoTeru Miyamoto, nacido en Kobe en 1947, comenzó a escribir en 1970 convirtiéndose en uno de los autores de mayor éxito de Japón, llevándose incluso al cine algunas de sus novelas, por ejemplo Maboroshi no Hikari por el prestigioso director Hirokazu Koreeda (autor de la película Air Doll de la que os hablé aquí). Entre los numerosos premios con los que ha sido galardonado se encuentran el Akutagawa por Hotarugawa, el Osamu Dazai por Doro no Kawa o el Yoshikawa Eiji por Yu-Shun.

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