'Sukkwan Island' de David Vann

Título: Sukkwan IslandAutor: David VannEditorial: Ediciones Alfabia (2010)Año publicación: 2008Páginas: 210Precio: 18 euros”El lugar al que se trasladaban era una pequeña cabaña de cedro, con un tejado muy inclinado a dos aguas. Estaba metida en un fiordo, una pequeña ensenada en forma de dedo al sureste de Alaska, cerca del estrecho de Tlevak, al nordeste del Área Salvaje del Sur de la isla Príncipe de Gales, y a unos setenta y cinco kilómetros de Ketchikan. Solo se podía llegar por el agua, en hidroavión o en barco. No había vecinos.”Como suele suceder con todas las buenas novelas, con Sukkwan Island he disfrutado y sufrido a partes iguales. Había leído muy buenas críticas de este libro, todas ellas totalmente acertadas. Sin duda, este va a ser uno de los destacados cuando termine el año, y de esos libros que, aunque pasen los años, voy a recordar siempre. Brutal, honesto, catártico, es una historia que no puede dejar indiferente a nadie. Ambientado en la maravillosa Alaska, con esos inmensos paisajes naturales, sin nadie ni nada a cientos de kilómetros a la redonda, en la desierta isla de Sukkwan, con la isla Príncipe de Gales o Ketchikan como puntos de referencia, todo comienza como un viaje iniciático, una aventura en la naturaleza al estilo de Thoreau, el hombre viviendo como los primeros pioneros, en comunión con una naturaleza amable, sin tecnología, sin nada más que el entorno natural.Isla del Príncipe de GalesJim y Roy, padre e hijo, van a pasar un año en la isla de Sukkwan. A ella solo puede accederse en barco o hidroavión, y su único contacto con la civilización será por radio y cada dos meses con el hidroavión que les trae los suministros que necesiten. Jim se ha divorciado ya dos veces: inseguro, egoísta, descarga toda su frustración y fracasos en su hijo adolescente de 13 años, quien se ha embarcado en esta loca aventura como última oportunidad para salvar a su padre de si mismo. Por el día pescan y ahuman el pescado, cazan, hacen largas excursiones por la isla, y por la noche Roy tiene que hacer oídos sordos al llanto de su padre, a sus largos monólogos sobre las mujeres y su vida llena de fracasos. Lo que tenía que ser una manera de que padre e hijo se acercaran, se convierte en una situación claustrofóbica y asfixiante, un callejón sin salida que desde la primera página de la novela sabemos que no puede acabar bien. Contrasta la belleza del paisaje, las descripciones de un entorno de gran belleza: los bosques, montañas, osos, salmones… salvaje, sí, pero inocente en realidad, con la brutalidad que anida dentro del ser humano, el verdadero monstruo, la verdadera amenaza se encuentra en esa relación destructiva de un padre que carga las espaldas de su hijo con sus culpas, que no sabe ser padre, que embarca a su hijo a un viaje sin retorno, a vivir una vida salvaje para la que no está preparado, cometiendo una y otra vez errores que les dejan en grave peligro.KetchikanSi la historia ya es de por sí interesante y con un gran enganche, la forma de escribir de David Vann redondea aún más la situación, con una mezcla entre el amor por la naturaleza y Alaska de Jack London, y un fatalismo, sequedad y dureza propios de Cormac McCarthy, David Vann perfila su propio estilo, directo, breve y conciso (en apenas 210 páginas desarrolla una tragedia desde sus inicios hasta su desenlace). El libro tiene un ritmo endiablado, atrapa desde la primera página hasta la última, no da ni un momento de respiro, con una primera parte desasosegante, en la que se masca la tragedia en el ambiente desde el primer momento, la intuimos, está ahí, terminando con una segunda parte claustrofóbica, opresiva, muy dura de leer, y con un desenlace más que apropiado, la historia no podía terminar de otra manera. Los personajes están firmemente perfilados, Roy, adolescente, indeciso, se encuentra atrapado entre el amor y el odio que siente hacia ese padre débil, que en vez de erigirse como la figura protectora que debe ser, apoya todo su peso en su hijo. Jim, un personaje al que odiamos pero al que no podemos dejar tampoco de compadecer por su forma de actuar, basada más que en la maldad, en un egoísmo infinito.Adak IslandCuando comencé el libro pensé que la premisa de un padre que llevaba a su hijo a vivir durante un año a las inhóspitas tierras de Alaska era un buen punto de partida, aunque bastante poco creíble. ¿A qué padre se le ocurriría una idea tan descabellada? Pues bien, al terminar el libro y buscar algo de información sobre el autor, me encuentro con que sí que existió un padre así, el padre del propio autor. David Vann nació en 1966 en la remota Adak Island, en Alaska.Cuando tenía 13 años (la misma edad que su protagonista), su padre, depresivo y lastrado por sus dos divorcios, le propuso irse a vivir durante un año con él a una cabaña en medio de la nada en Alaska. David le dijo que no, no quería dejar a sus amigos y a su familia durante tanto tiempo.  A las dos semanas de su negativa, su padre se suicidó con una de sus armas de caza, una experiencia traumática que le dejó un gran sentimiento de culpabilidad durante mucho tiempo y una pregunta: ¿qué hubiera sucedido si le hubiera dicho que si a su padre? Esa hipótesis novelada es la que se desarrolla en Sukkwan Island, una manera del autor de exorcizar una tragedia que le ha acompañado toda su vida.Como suele suceder cuando una novela te ha gustado mucho, estoy recomendando Sukkwan Island a todo el mundo, y ahora, que acabo de terminarla, comenzaré con mi campaña de prestarlo a todo aquel que lo quiera. Me alegrará enormemente haber conseguido que os interese, que os animéis a leerla, ya que creo que es una de las grandes novelas que ha aparecido en los últimos años, nos remueve violentamente por dentro, pero es necesaria, no hay buen libro que no despierte algo en nuestro interior y lo sacuda. Yo pienso seguir conociendo la obra de David Vann, en breve, me internaré de nuevo en Alaska con Caribou Island, en la que saca a la luz otra tragedia vivida en su familia, el asesinato o suicidio de los padres de su madrasta, un suceso que en Sukkwan Island ya se nombra tímidamente.”¿Qué tenían de mágico esos lugares? ¿Qué tenía la frontera que le hacia sentir que era lo único que estaba realmente vivo? Carecía de sentido, porque no le gustaba estar incómodo y no soportaba estar solo. Quería ver a alguien en todos los momentos de todos los días. Quería una mujer, cualquier mujer. El paisaje no significaba nada para él si tenía que verlo solo.” 

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