'Tenemos que hablar de Kevin' de Lionel Shriver

Título: Tenemos que hablar de Kevin (We need to talk about Kevin)Autor: Lionel ShriverEditorial: Anagrama (junio 2007)Año de publicación: 2003Páginas: 616Precio: 25 euros”Ahora bien, si no hay razón alguna para vivir sin hijos, ¿por qué habría de haberla para vivir con ellos? Responder a la angustia existencial que te plantea tu vida engendrando, simplemente, otra vida que la suceda significa, además de una cobardía, dejar para la generación que siga a la tuya la responsabilidad de encontrar la respuesta; hallarla en estas condiciones representa, pues, una tarea potencialmente infinita. Lo más probable es que la respuesta de tus hijos sea procrear a su vez, para endilgar a su descendencia el problema de no encontrarle sentido a la vida.”Tenemos que hablar de Kevin es una novela en la que encontramos un exterior sumamente apetecible, una historia que engancha desde la primera página, a pesar de que conocemos el final (más o menos, porque hay un par de sorpresas), y con ciertos toques de humor negro. Sin embargo, no es únicamente una novela entretenida, a lo largo de la lectura se van desvelando más y más capas, a cual más interesante, temas que no podrían estar más de actualidad: la necesidad o la obligatoriedad de tener hijos o no, la educación en las escuelas, el malcriar y consentir a los hijos hasta tal punto que estos se convierten en pequeños tiranos que esclavizan a sus padres, la violencia en las aulas… Temas que dan para horas de reflexión. Tenemos que hablar de Kevin está escrito a modo de novela epistolar, son las cartas que Eva escribe a su marido Franklin después de que el hijo adolescente de ambos, Kevin, perpetre una masacre en su instituto matando a varios alumnos y profesores del centro. Eva trata de poner en orden los hechos remontándose al momento en que su marido y ella comenzaron a plantearse si debían tener hijos o no, ante el temido fantasma de los 40 acechándoles, pero sin querer dejar atrás su vida feliz de pareja sin ataduras o su trabajo que adora en la empresa que ella misma ha creado de guías de viaje para mochileros, gracias a la que viaja constantemente por todo el mundo; pasando por la infancia y adolescencia de Kevin y el terrible desenlace días antes de que este cumpla 16 años. Se trata de un intento por tratar de comprender a su hijo y lo que ha hecho, pero también un modo de expiar sus propias culpas, sus incertidumbres sobre si ha sido una buena madre o no, y si el carácter de Kevin, su maldad, es algo innato o si lo ha ido adquiriendo por culpa de la educación que ha recibido.Uno de los grandes valores de la novela es su ambigüedad, como conocemos los hechos a través de las cartas que escribe Eva, tan solo conocemos su punto de vista, es su verdad, es el modo en que ella ha vivido los acontecimientos. De hecho, no logramos saber si las cosas sucedieron tal y como lo cuenta ella, si Kevin fue tan diabólico y perverso desde un principio y ella lo supo siempre, o si, a la luz de lo ocurrido después, ella ha cambiado su percepción de las cosas, y las ve a través del prisma de lo que es ahora su hijo: un asesino. Tampoco podemos estar tan seguros de que las culpas que Eva se echa a sí misma sean ciertas, o si trata de hacerse responsable del comportamiento de su hijo. Tenemos que hablar de Kevin es una novela dura, no como lectura, ya que esta es absolutamente adictiva, sino por los temas que trata y cómo lo hace. Para aquellos a los que les guste lo políticamente correcto que ni se les ocurra acercarse a esta novela. La protagonista, Eva, habla sin pelos en la lengua y destapa muchos tabúes de los que es impensable hablar abiertamente, como la aversión hacia ser madre, hasta el punto de no sentir afecto por su propio hijo ni siquiera cuando este ya ha nacido; el deseo de abortar si su hijo pudiera nacer con malformaciones o algún tipo de retraso porque no podría quererle; el desprecio hacia los padres y la vida “perfecta” e idílica que exhiben muchas familias… Hay escenas muy duras a lo largo del libro, y lo que en principio es un bebé insoportable que no para de chillar a todas horas salvo cuando su padre llega a casa, lo que exaspera a Eva; pasa a ser un niño extorsionador que no quiere ir al baño, con lo que lleva pañales hasta los seis años, esclavizando a su madre al tener que cambiarle varias veces al día y tenerla así bajo su poder; que juega a dos bandas con sus padres, angelical con su padre y su verdadera cara con su madre; hasta llegar a la adolescencia, donde lo que hasta el momento no había tenido consecuencias fatales, comienza a ser preocupante.Un punto clave de la novela es la extrema violencia en los colegios y en concreto, en EEUU, los asesinatos masivos en institutos a manos de adolescentes. Se habla de este modo de famosas masacres que han sucedido en la realidad, en especial la tristemente popular de Columbine, aunque también de otros asesinos adolescentes como Evan Ramsey, Barry Loukaitis, John Sirola, Luke Woodham o Brenda Spencer. Al mezclar de este modo ficción y realidad, el problema se vuelve más cercano. ¿Cómo evitar esas muertes? La autora apunta varios temas para reflexionar, entre ellos y en especial, la tenencia de armas amparada por la Segunda Enmienda de la Constitución norteamericana aprobada en 1791, que autoriza la libre posesión de armas a los ciudadanos estadounidenses. Pero también la pésima educación que reciben hoy los niños a manos de sus padres, totalmente malcriados y cuyas malas acciones quedan siempre sin castigo no vaya a ser que traumaticemos al niño; o el terrible papel que juegan los profesores, obligados por un lado a educar y a hacer el papel que los padres no hacen, y por otro estigmatizados por estos y despojados de cualquier tipo de autoridad en cuanto se meten con sus monstruitos. Como veis, las cosas no son tan diferentes entre España y EEUU.”No eran tiempos fáciles para ser profesor de instituto, si es que lo fueron alguna vez. Atrapados entre unas autoridades educativas que exigían niveles de calidad cada vez más elevados y unos padres que les pedían las mejores calificaciones para sus hijos, examinados con lupa para detectar en ellos cualquier falta de sensibilidad racial o una actitud sexual inadecuada, desgarrados entre las repetidas exigencias de la generalización de exámenes estandarizados y las reivindicaciones estudiantiles de primar la expresión creativa, a los profesores se les culpaba de cualquier cosa que funcionara mal con los muchachos y a la vez se recurría a ellos como si fueran los únicos capaces de salvarlos. Ese doble papel de chivo expiatorio y salvador era a todas luces mesiánico, con la única diferencia de que, probablemente, Jesús estaba mejor pagado.”Los personajes son una de las grandes bazas de este libro, con Eva empatizamos enseguida, aunque no estemos de acuerdo con todo lo que dice. Estigmatizada por el crimen cometido por su hijo, perseguida y acosada por sus vecinos, le permitimos que suelte algunos exabruptos e ideas un tanto radicales, comprendemos que es fruto de la experiencia tan dura que está viviendo. Es una mujer independiente, que ama la vida y a su marido, condenada por un hijo por el que nunca ha sentido demasiado aprecio. Su marido Franklin nos gusta menos, mal criador, es el típico padre que ve en su hijo un dechado de virtudes, da igual lo que haga Kevin, todo es disculpado: desde provocar el accidente de otro niño, hasta gritar y hablar mal a su madre, Kevin nunca es castigado, nunca se le reprende, siempre hace las cosas bien y son los demás los que le tienen manía. Eva no tiene en ningún momento el apoyo de su marido, no son en absoluto un equipo, eso Kevin lo sabe y lo usa para su propio beneficio. Con el que no caben medias tintas es con Kevin, desde la primera página le odiamos, es imposible no hacerlo. No quiero contar más para no desvelar algunas sorpresas del libro, pero sus actos van in crescendo a lo largo de la historia, a la par que nuestro odio hacia él. Ha sido una lectura que he disfrutado mucho, entretenida pero reflexiva, con la que he estado dando vueltas a todos estos temas durante días. También hay una película (con cuyas imágenes he ilustrado esta entrada) que se ha estrenado recientemente, dirigida por Lynne Ramsay con la magnífica Tilda Swinton como Eva, y un Ezra Miller que clava el papel de Kevin adolescente. El film está bastante bien. Han sabido condensar un libro largo y complejo como este en la estructura de una película. La recomiendo sin duda, aunque es cierto que la esencia del libro, las reflexiones de Eva, la ambigüedad en si sus recuerdos son exactos o exagerados por lo que ha sucedido, la actitud de su marido, que en la película está menos presente con un John C. Reilly meramente testimonial, se pierden. Aún así, me parece una buena adaptación, aunque como casi siempre, me quedo con el libro.Lionel ShriverLa autora, Lionel Shriver, nacida en 1957 en Gastonia (Carolina del Norte, Estados Unidos), es periodista además de escritora. En 2005 ganó el Premio Orange de ficción por su séptima novela, Tenemos que hablar de Kevin, que la ha catapultado a la fama.

Powered by WPeMatico